A bocajarro

No estaba preparado para ella, no, no lo estaba.
Llegó a mi como llegan las flores en primavera, inesperada y salvaje.
Me embaucó su seguridad, seguridad que no todas las mujeres poseen, ella sabía que pisaba el mundo, que lo  mecía, que eran sus reglas y su campo de batalla.

Y yo me enamoré de ella.
Como un niño, como un loco, como un gran absurdo.

Tomaba mi habitual café en mi habitual cafetería, llovía, y tras los enormes ventanales veía a la gente que se movía veloz, siempre me ha fascinado como la lluvia lo acelera todo, en cambio a mi me provoca el efecto contrario, todo transcurre a cámara lenta, como en una peli de acción, y ella era la única inconsciente que bailaba bajo la lluvia, sin paraguas, recibiendo el agua como si fuese maná.

 
 


 
La observé y me sentí cautivado, millones de células nerviosas empezaron a despertar provocando con su habitual e inocua sinapsis un tormento de fuego y dolor. Ella...
Salí a la calle para ofrecerle mi brazo, un café o mi corazón, cualquiera de las opciones me hacía feliz.
Me miró y sonrió, dijo, claro, un café sería perfecto. Y en ese momento mi corazón empezó a latir, no se que habría estado haciendo todos esos años en los que no lo hizo, ni siquiera se como es que no me había muerto, pero latió, ese día latió.


Y ahora que todo ha pasado  me acuerdo de nardos, de tulipanes, me acuerdo de cenas perfectas con mucho vino, recuerdo las velas que olían a todos menos a cera. Recuerdo los besos que nos dábamos en todos los bares, recuerdo que la gente nos miraba, recuerdo que yo me sentía gigante.
Recuerdo que a su lado todo tenía sentido, recuerdo su mirada y sus treinta tipos de sonrisas distintas, sus manos.

























Recuerdo que me gustaba observarla mientras leía, recuerdo que moría de celos cada vez que otro la miraba, que me dolían las sonrisas que ella regalaba.
Y sabía que ella sería agua entre las manos, porque los finales felices solo pertenecen a Disney, porque ella nunca puso su ropa en el armario, y yo jamás le compré el anillo.

Han pasado varios años, y podría decir que duele menos, pero puedo decir también que los días de lluvia no salgo de casa, porque nunca he podido volver a sentarme tras esos ventanales en una tarde como la de aquel día.



Algunas canciones para los días de lluvia y el corazón roto.

 
 
 

Comentarios

  1. Angels...
    Perdido en la melodía de estas maravillosas canciones, disfruto de la romántica historia que nos regalas.
    Tienes una gran sensibilidad escribiendo. Me ha encantado. Besos. ;)

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    1. Habían cientos y cientos de canciones para esos días, para lo gris, para lo que el agua moja, pero a estas las quiero más :)
      Gracias por asomarte.

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