Los pedazos
A menudo hablamos de lo duro o sencillo que resulta estar en pareja, de sus cosas buenas, de sus cosas malas, de lo que suma o de lo que resta.
Creo que es la cosa más complicada del mundo, y no solo por las diferencias típicas y tópicas sobre si uno es de Marte y la otra de Venus. No.
Los que no hemos tenido la suerte (o la desgracia) de haber encontrado a la primera al amor de nuestra vida vamos pasando veranos cortos llenos de besos robados y estrellas fugaces, para llegar a un invierno hostil y pasarlo hibernando por miedo a sufrir un poco más de lo esperado. Cada decepción supera inexplicablemente a la anterior y todo resulta un sinsentido de los más insípido.
Y ni se sabe de que depende, no, no, no.
Porque se supone que a cierta edad ya te conoces.
Porque se supone que si te conoces sabes lo que no quieres.
Porque sin saber como, la historia se repite.
Porque hay personas que se convierten en lecciones.
Porque de muchas lecciones uno sale maestro.
Porque prefiero seguir siendo yo.
Porque no quedan ya motivos.
Y sin darme cuenta, el otro día y tratando de responder a esas extrañas preguntas que los niños pueden llegar a hacer muchas veces, me respondí a mi misma.
La pregunta era : _ Por qué a veces después de un enfado las cosas no son iguales? (Menuda pregunta para una niña de siete años, no me digáis que no).
La respuesta fue : _ Si rompo un espejo, y tengo la suerte de encontrar todos los pedazos, y poder unirlos de nuevo, habré conseguido que esté como antes a pesar de pegar cada trocito con todo mi empeño?.
Un NO por respuesta.
De los rotundos.
De los gráficos.
De los que dan sentido a la típica frase que una imagen vale más que mil palabras.
De los seguros.
Así pues lo complicado muchas veces es darse cuenta del estado del espejo en el que nos miramos cada día.
Quedan veranos por venir.
Quedan estrellas por identificar.
Quedan miles de momentos por vivir.
Quedan miradas bonitas.
Quedan paseos por la playa.
Quedan copas por llenar.
Quedan vestidos por estrenar.
Quedan hojas en blanco.
Quedan besos inesperados.
Quedan luces que apagar.
Queda lo mejor.
Y sobre todo queda la posibilidad de empezar de cero, en un espejo que no refleje tanto dolor.
Creo que es la cosa más complicada del mundo, y no solo por las diferencias típicas y tópicas sobre si uno es de Marte y la otra de Venus. No.
Los que no hemos tenido la suerte (o la desgracia) de haber encontrado a la primera al amor de nuestra vida vamos pasando veranos cortos llenos de besos robados y estrellas fugaces, para llegar a un invierno hostil y pasarlo hibernando por miedo a sufrir un poco más de lo esperado. Cada decepción supera inexplicablemente a la anterior y todo resulta un sinsentido de los más insípido.
Y ni se sabe de que depende, no, no, no.
Porque se supone que a cierta edad ya te conoces.
Porque se supone que si te conoces sabes lo que no quieres.
Porque sin saber como, la historia se repite.
Porque hay personas que se convierten en lecciones.
Porque de muchas lecciones uno sale maestro.
Porque prefiero seguir siendo yo.
Porque no quedan ya motivos.
Y sin darme cuenta, el otro día y tratando de responder a esas extrañas preguntas que los niños pueden llegar a hacer muchas veces, me respondí a mi misma.
La pregunta era : _ Por qué a veces después de un enfado las cosas no son iguales? (Menuda pregunta para una niña de siete años, no me digáis que no).
La respuesta fue : _ Si rompo un espejo, y tengo la suerte de encontrar todos los pedazos, y poder unirlos de nuevo, habré conseguido que esté como antes a pesar de pegar cada trocito con todo mi empeño?.
Un NO por respuesta.
De los rotundos.
De los gráficos.
De los que dan sentido a la típica frase que una imagen vale más que mil palabras.
De los seguros.
Así pues lo complicado muchas veces es darse cuenta del estado del espejo en el que nos miramos cada día.
Quedan veranos por venir.
Quedan estrellas por identificar.
Quedan miles de momentos por vivir.
Quedan miradas bonitas.
Quedan paseos por la playa.
Quedan copas por llenar.
Quedan vestidos por estrenar.
Quedan hojas en blanco.
Quedan besos inesperados.
Quedan luces que apagar.
Queda lo mejor.
Y sobre todo queda la posibilidad de empezar de cero, en un espejo que no refleje tanto dolor.




nos volverá a pasar querida amiga y es verdad! a veces cada decepción supera a la otra o por el contrario, puede ir a menos... yo soy de los que piensan que cada los desencantos con la edad van a menos, porque se prepara el camino para la batalla definitiva... aquella en la que lo darás todo por conquistar la sonrisa y ser el centro de atención de esa persona que tanto esperaste.... pero eso solo sucede si:
ResponderEliminarhttp://www.youtube.com/watch?v=aXirBoNIdCo
mi canción de los Lunes invade tus Martes querida compañera ;-) feliz día ;-)
Gracias Sr. Llumiquinga, grande y valiosa su aportación a este humilde blog. Feliz martes
EliminarUn final siempre da acceso a un nuevo comienzo. Aquello que nos suceda será por algo y debemos quedarnos con su enseñanza. Siempre empezamos de cero. Nada es igual porque todo fluye y nada permanece.
ResponderEliminarAsí es, benditos comienzos y grandes lecciones :)
EliminarCreo que el secreto es ser más flexible, no ser de cristal, no como un espejo, sino como un sauce, que una vez pasada la tempestad, vuelve a su estado natural, erguido, orgulloso, como nuevo. ;-)
ResponderEliminarCreo que tienes mucha razón Juan :))
EliminarTú, sobre todo, no dejes de escribir... :))
ResponderEliminarPrometido! :))))
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