A franquear en destino


Siempre me decías lo mucho que te gustaban algunas cosas de antaño, entre ellas las sanas costumbres, los buenos modales, y las cartas. Hoy me he decidido a escribirte una, esperando que al menos puedas leerla.
El café que se enfría, bebido a sorbos lentos, los pies desnudos sobre un suelo congelado que te hace volver a la realidad de vez en cuando, solo el tiempo justo para levantarlos cuando empieza a existir el riesgo de amputación.
Por la ventana se vislumbraba un amanecer de los generosos, de los que  inundan con su paleta, de los que te envuelven con la promesa de un día bueno, un amanecer que te impide no sentirte feliz.


Te quise mucho antes de verte por primera vez, era fácil hacerlo pues desde el principio fuiste una persona única, diferente, especial. Me parecías también un tanto particular, ya que tenías formas extrañas de despedirte o de hablar, no es que no se te entendiera, pero siempre me hacían sonreír ciertas expresiones que utilizabas. Debo decirte que las echo de menos.
Te esforzabas por invitarme a todas las cosas que organizabas, no fui a ninguna. Tu lo sabes y yo también. No por que no me interesara lo que tu hacías, pero en cierto modo era una forma de no implicarme contigo más de lo que ya lo estaba.
El tiempo fue pasando, las llamadas eran más frecuentes y las sonrisas flotaban en el aire como parte de un escenario que nunca subía el telón.
Y te enfadabas conmigo cuando leías más "guapa" de los que tu considerabas aceptables (que era ninguno) como no te hacía caso, me convertí en "Brave".
Es curiosa la perspectiva que el paso del tiempo te concede, siempre mucho más benévola, más objetiva, más dulce. Ahora pienso en lo mucho que te echo de menos, no es que lo piense ahora, llevo tiempo sufriendo en silencio, silencio que no quiero compartir, porque hay sufrimientos que ninguna persona de este mundo entendería, porque son míos y así seguirán, guardados en el fondo de mi corazón, dicen que el corazón de una mujer es un pozo muy profundo de secretos. Supongo que si.
De ti me quedo con casi todo lo vivido.

Me quedo con ese día.
Me quedo con esa calle.
Me quedo con esa sonrisa.
Me quedo con tu abrazo.
Me quedo con tu mirada.
Me quedo con una dedicatoria plasmada en un libro que ya me invitaba a compartir una vida.
Me quedo con ese café que aunque corto se hizo perfecto.


Pero no se nos murió el amor, se nos murieron las ganas de seguir luchando, que no es ni de lejos lo mismo.
Te recordaré siempre, no importa el tiempo que pase, no importa a cuantas personas quieras o quiera, no importa donde vivas o donde acabe viviendo yo, te amaré siempre. No es una promesa, no es un aviso y tampoco es una señal para que vuelvas, es solamente la verdad.
Dominamos el arte de hacer fácil lo difícil y de hacer un infierno de lo cotidiano. Esos fuimos nosotros, dos personas que se dieron lo que pudieron, lo que tuvieron pero nunca lo que les sobró.

A veces sueño que duermes a mi lado, que me daré la vuelta y me encontraré con tus ojos perdidos en mi cuerpo, que te acercaras despacio y me susurrarás que dormir conmigo es lo más hermoso del mundo, y que ya no hablaremos más.
No se en que nos equivocamos más, pero pienso que si me pidieses consejo para futuras relaciones te diría que:

-Nunca intentes cambiar a quien amas.
-Nunca te creas más ni menos que nadie.
-A veces no es tener mala suerte, es no tener valor.
-Cuando las palabras no sirven hay que dejar de hablar.
-Un abrazo es lo más terapéutico.
-Si no imaginas tu vida sin esa persona, lucha.
-Lucha cada día de tu vida.

Ojalá todo te vaya genial, ojalá se cumplan todos tus sueños y consigas llenar el otro lado de la cama con alguien que haga de tus días el mejor patio de recreo.


Comentarios

Entradas populares