Agua entre las manos
Fuimos agua entre las manos, dedos que se juntan, manos que no se quieren separar, pero agua que siempre halla la manera de filtrarse y escapar.
Eso fuimos, agua entre las manos.
Nos quisimos con cada poro de la piel, respiramos un aire que no daba para dos, sufriendo, padeciendo, pero aguantando porque el dolor de perderse era mayor que el de lucharse, se nos fue de las manos.
Cuando una sonrisa te dice más de lo que quieres oír.
Cuando el sufrir por sufrir se convirtió en modalidad olímpica.
Cuando quieres y no puedes.
Cuando puedes y no sabes querer.
Cuando gritas de impotencia.
Cuando lloras porque ya no sabes donde ahogar el dolor.
Cuando reclamas un "Let it Be".
Tu eres quien desordena mi mundo, quien me sigue rompiendo los esquemas, quien hunde mis barcos de papel, el que provoca las tormentas más terribles, el que se acompaña de oscuridad, mi cruz, mi talón de Aquiles, lo que duele, el momento de mayor locura, la asignatura pendiente, la risa que no brota, las esperanzas hundidas en una miseria robada, las razones muertas, la grieta en la pared, la calle que se dobla, las gafas puestas, la cabeza alta, y los pasos firmes, sonoros, seguros, la dirección prohibida, y el libro que se quemó.
Matar o morir.
Mar abierto o la segura orilla.
La pasión o el sosiego.
La nada y el menos todo.
La niebla y la ausencia de sol.
Lo que ya no nos dolió, lo rápido que uno se acostumbra a dejar de tener, los días que pasan, las heridas expuestas, las lágrimas que ya no saben salir, los porqués inútiles, la historia que se repite, el error de no conocerla.
Con el tiempo me darás la razón que el orgullo te permita reconocer, con el tiempo todo seguirá latiendo pero ya no habrá camino por recorrer, lo verás, te darás cuenta que no se perdieron batallas porque nunca existió tal guerra, comprenderás que yo no era el enemigo, que mis sonrisas no eran dagas pero que tus palabras siempre se clavaban.
No sé si nos reiremos, tal vez nunca lo consigamos, tal vez los recuerdos siempre sigan sangrando, y el dolor jamás pueda desaparecer del todo.
Seguiremos claro, los pies siempre saben hacia donde ir, pero si alguna vez miras atrás, verás con claridad que tu verdad no era tan real y que lo que no hiciste era la mejor opción.
La calma que llega.
La paz que te duerme.
Los silencios necesarios.
El amor que te llena.
Las velas izadas.
Las noches que te llenan de canciones, las letras terapéuticas, las llamadas esperadas, la risa compartida, la brisa que se pega en la piel, las estrellas ordenadas, un libro que se cierra, una historia vivida, el momento de guardarlo en la estantería, depositarlo con cariño, empujar su lomo con el dedo, sonreírle y agradecérselo todo.
Soñar con una bella ensenada, seguir remando y no perder jamás el rumbo de la felicidad.
Eso fuimos, agua entre las manos.
Nos quisimos con cada poro de la piel, respiramos un aire que no daba para dos, sufriendo, padeciendo, pero aguantando porque el dolor de perderse era mayor que el de lucharse, se nos fue de las manos.
Cuando una sonrisa te dice más de lo que quieres oír.
Cuando el sufrir por sufrir se convirtió en modalidad olímpica.
Cuando quieres y no puedes.
Cuando puedes y no sabes querer.
Cuando gritas de impotencia.
Cuando lloras porque ya no sabes donde ahogar el dolor.
Cuando reclamas un "Let it Be".
Tu eres quien desordena mi mundo, quien me sigue rompiendo los esquemas, quien hunde mis barcos de papel, el que provoca las tormentas más terribles, el que se acompaña de oscuridad, mi cruz, mi talón de Aquiles, lo que duele, el momento de mayor locura, la asignatura pendiente, la risa que no brota, las esperanzas hundidas en una miseria robada, las razones muertas, la grieta en la pared, la calle que se dobla, las gafas puestas, la cabeza alta, y los pasos firmes, sonoros, seguros, la dirección prohibida, y el libro que se quemó.
Matar o morir.
Mar abierto o la segura orilla.
La pasión o el sosiego.
La nada y el menos todo.
La niebla y la ausencia de sol.
Lo que ya no nos dolió, lo rápido que uno se acostumbra a dejar de tener, los días que pasan, las heridas expuestas, las lágrimas que ya no saben salir, los porqués inútiles, la historia que se repite, el error de no conocerla.
Con el tiempo me darás la razón que el orgullo te permita reconocer, con el tiempo todo seguirá latiendo pero ya no habrá camino por recorrer, lo verás, te darás cuenta que no se perdieron batallas porque nunca existió tal guerra, comprenderás que yo no era el enemigo, que mis sonrisas no eran dagas pero que tus palabras siempre se clavaban.
No sé si nos reiremos, tal vez nunca lo consigamos, tal vez los recuerdos siempre sigan sangrando, y el dolor jamás pueda desaparecer del todo.
Seguiremos claro, los pies siempre saben hacia donde ir, pero si alguna vez miras atrás, verás con claridad que tu verdad no era tan real y que lo que no hiciste era la mejor opción.
La calma que llega.
La paz que te duerme.
Los silencios necesarios.
El amor que te llena.
Las velas izadas.
Las noches que te llenan de canciones, las letras terapéuticas, las llamadas esperadas, la risa compartida, la brisa que se pega en la piel, las estrellas ordenadas, un libro que se cierra, una historia vivida, el momento de guardarlo en la estantería, depositarlo con cariño, empujar su lomo con el dedo, sonreírle y agradecérselo todo.
Soñar con una bella ensenada, seguir remando y no perder jamás el rumbo de la felicidad.




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