Volver a casa

Cada vez que estoy en casa de mis padres no puedo evitar tumbarme en la cama de la que siempre fue mi habitación, me tumbo y analizo despacio cada rincón tan bien conocido, la marca de aquel viejo poster que siempre me veía abrir y cerrar los ojos, el rincón repleto de peluches, cada uno con su historia, un cocodrilo que me regalaron por mi doceavo cumpleaños mis amigas del colegio, los ositos que me acompañaron desde mis primeros años de vida, algunos fruto de una noche de éxito en la tómbola, y otros huérfanos de origen pero queridos igualmente.


El armario que ordenaba cada semana bajo la mirada atenta de mi madre, armario que me servía de escondite cuando no quería que mi hermana pequeña me diera la lata, armario a lo "Crónicas de Narnia", siempre con un sinfín de posibilidades, las que menos, las de almacenar ropa.

Mi banco de trabajo, cuantos libros habré leído en él!! Imposible decirlo, sólo recuerdo que tenía que levantarme de vez en cuando porque se me dormían las piernas, volaban las horas, perdía siempre la noción del tiempo, cuantas historias cobraban vida en aquel banco de madera clara, cuantos descubrimientos literarios, cuantos amores platónicos.

 
La persiana que siempre mantenía subida, eso provocaba la eterna discusión con mi madre, las charlas repetitivas y absurdas que hacían que tuviera que morderme el interior de las mejillas para no soltar la gran carcajada mientras me daba lecciones de comportamiento, que si era indecoroso que una señorita durmiera con la persiana subida, el peligro de la mirada de los vecinos, que si la cortina se manchaba y otras cosas igual de ridículas, la risa que flota aun en esa habitación al recordarlo.

Los primeros pasos.
Las primeras palabras pronunciadas.
Las primeras lágrimas.
Los primeros sueños forjados.
Las primeras deducciones.
Los primeros berrinches.


Recuerdo lo mucho que me gustaba encerrarme en la cocina y prohibirles a todos el acceso a ella, con mi libro de recetas y el delantal que me había hecho mi abuela,  pasaba las horas haciendo toda clase de postres, buñuelos de manzana, bizcochos de chocolate, salía tan triunfante y orgullosa con los platos en alto cual triunfal camarera. Me emociona recordar el aplauso de mi familia, lo contenta que yo estaba por hacer algo bonito para ellos, éramos tan felices.



Le sonrío a la mesa redondita, la misma que me esperaba con la comida calentita cuando yo llegaba del instituto, la misma en la que hacía los deberes, la misma en la que mi madre tejía, la misma en la que mis tíos tomaban el café.
Paredes que albergan sentimientos, suelos que te devuelven el guiño, habitaciones grabadas en el recuerdo, terrazas llenas de flores en las que en las tardes tibias de primavera jugabas con las muñecas, la foto de rigor cuando salían las primeras calas, el canario "Pichí".

Volver a una casa que te ha visto crecer es volver a una infancia que no parece tan lejana, volver a los primeros olores, volver a las Navidades, a la emoción de las mañanas de los domingos cuando nos preparábamos para ir a comer con mi abuela, volver a las tardes de deberes que no querías hacer y a la plastilina Jovi que se endurecía sin que supieras porqué, volver a Barrio Sésamo, a los platos de sopa que no querías comer, siempre he sido muy Mafalda para eso, volver a sentir la protección de unos padres que quieres que sean eternos, y que estén siempre en esa casa.

Comentarios

  1. Yo todavía conservo mi cajón intacto , allí duermen las primeras cartas de amor, las primeras fotos del foto matón , las cartillas con notas, mi primera cartilla del banco, mi primera nómina, jajajjajaja otras.. Y duerme Terry una Milanesa que me transportó a otro mundo en solo 48 horas...todavía guarda el olor de mis manos sudorosas, los catálogos de mi primer viaje a USA ufo.... Y tantas cosas más. Todas. Todas. Allí para siempre...me gusta que duerman allí ... Feliz día..un placer oler tus recuerdos

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  2. Me ha encantado esta entrada. De verdad!

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